martes, 16 de enero de 2018

FAO pide acabar con "triple discriminación" a la mujer indígena.



Foto: http://cuartopoderrm.blob.core.windows.net/


Las mujeres indígenas siempre son "las más pobres y las que están en situación más vulnerable", dijo el representante de la FAO

Telesur, 15 de enero, 2018.- Acabar con la "triple discriminación" hacia las mujeres indígenas es esencial para reducir los problemas que enfrentan a diario, aseveró este viernes el director de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), José Graziano.

Ser mujer, pobre e indígena es la triple discriminación a la que se refiere Graziano. Estas condiciones hacen que las mujeres indígenas se vean sometidas a "situaciones de violencia, discriminación e inseguridad alimentaria", aseguró durante un foro de la FAO en México.


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"Las mujeres indígenas se enfrentan a una triple discriminación que incluye la pobreza, el género y la etnia, tanto dentro como fuera de sus comunidades, lo que las hace altamente vulnerables" @grazianodasilva
El director de la FAO destacó que al comparar a las mujeres indígenas con otras de la misma región, siempre las primeras son "las más pobres y las que están en situación más vulnerable".
Graziano recordó la importancia de la agricultura indígena para la FAO y uno de sus elementos esenciales que son las mujeres.
Para mejorar la seguridad alimentaria de las comunidades indígenas, el representante de la FAO sugirió recuperar "productos olvidados", pues el consumo de alimentos se limita a 4 o 5 productos, como papa, soya, arroz y maíz. 
Por su parte, la representante del Consejo Asesor de Mujeres Indígenas, Guadalupe Martínez, añadió que "las mujeres indígenas se van a empoderar en medida que también aumente su educación".
El 5 por ciento de la población mundial (Unas 370 millones de personas) y el 15 por ciento de los más pobres del mundo se definen a sí mismos como indígenas.
Unos 45 millones de indígenas representan el 8,3 por ciento de la población en Latinoamérica y El Caribe, pero son el 15 por ciento de quienes padecen inseguridad alimentaria y pobreza extrema.

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Fuente: Telesur: https://www.telesurtv.net/news/FAO-pide-acabar-con-triple-discriminacion-a-la-mujer-indigena-20180112-0047.html
Fuente: Servindi

lunes, 15 de enero de 2018

Los pobres (y las pobres) como lugar teológico, a la luz de nuevos sentires emergentes.

BLOG de CJ CRISTIANISME I JUSTICIA

Estas Navidades he estado releyendo un artículo de Carmiña Navia, “Sentires teológicos emergentes: retos para las teólogas”[1], que en su momento me resultó muy provocador y que hoy lo sigue siendo. Su reflexión me inspira este post. Su relectura me hace consciente de la necesidad de descolonizar la teología. Hasta ahora las teólogas españolas hemos sido conscientes de la necesidad de despatriarcalizarla, pero descolonizarla es un nuevo salto al vacío. Los feminismos postcoloniales llevan tiempo retándonos a ello.

El reconocimiento de la imposible neutralidad del lugar de enunciación y de que un lugar en el mapa, un color en la piel, una identidad sexuada y construida culturalmente configura la manera en que pensamos, actuamos y concebimos las relaciones de dominación y la forma de enfrentarla, redimensiona la compresión de los pobres (y las pobres) como lugar teológico, abriéndonos a nuevas subjetividades y acentos. Hasta la irrupción y el reconocimiento de las diferencias, los pobres no tenían raza, ni color, ni sexo. Se identificaban por los aspectos socio-económicos. En la categoría pobres se incluían distintos aspectos de la marginalidad, se abarcaba la globalidad de la realidad de todas las personas que estaban fuera de los privilegios del capitalismo. Sin embargo, como no se puede detener la expresión de la diferencia, nuevos sujetos se han puesto en pie.

Por eso reconocer a los pobres hoy como lugar teológico es hacerlo como sujetos emergentes, es decir, identificando nuevas identidades que se declaran en rebeldía frente a la exclusión e invisibilidad a las que el sistema intenta reducirles y reclaman reconocimiento, participación, derechos, a la vez que aportan desde sus saberes compartidos y tradiciones elementos alternativos para hacerlo. Las mujeres, los y las desplazadas y desplazados: migrantes y refugiados, que constituyen el sujeto de la realidad de la movilidad humana por causas económicas, ambientales, políticas, religiosas, las comunidades indígenas, las personas marginadas por su orientación sexual o abusadas por la violencia patriarcal, las personas discriminadas por el color de su piel o su origen étnico son algunos de los rostros que toma la pluralidad del sujeto pobres hoy como lugar teológico. Su emergencia despierta también nuevos sentires y acentos en la teología, como reclama la teóloga colombiana.


Entre ellos la centralidad del cuerpo, la raza y el género.

El papa Francisco ha afirmado en numerosas ocasiones que los pobres son la carne de Cristo. Sin embargo, aunque el cristianismo es la religión del cuerpo, como leemos en 1Timoteo 3,14, el cuerpo ha sido el gran ignorado y devaluado a la vez que objeto de opresión y violencia en base a la jerarquización de la raza y el género. Por eso, un sentir que sigue siendo urgente para hacer teología desde el lugar teológico de los pobres y las pobres es la opción a favor del cuerpo. El cuerpo individual, el cuerpo social y el cuerpo cósmico, la tierra como cuerpo de Dios. El cuerpo es el centro de todas las relaciones, con sus necesidades físicas, psicológicas y espirituales. El cuerpo como lugar de comunión o de fractura, como lugar de respeto al otro o de humillación y abuso, como lugar de éxtasis, amor, y liberación o por el contrario de violencia y explotación.

Cuerpos marcados que llevan tatuados en la piel la violencia de las fronteras, el abuso sexual, la explotación laboral, la discriminación por ser negra o negro. Los cuerpos de las mujeres que siguen siendo concebidos en la mentalidad patriarcal dominante como cuerpos a disposición del varón e impurospara la representación de lo divino. Cuerpos violentados, discriminados por sus orientaciones sexuales o apaleadas por las fuerzas de seguridad bajo la legalidad injusta de la ley mordaza o la ley de extranjería. El cuerpo como lugar de Justicia, reconciliación, signo del Reino y resurrección. Cuerpos que vuelven a la vida tras pasar la noche de los infiernos humanos: cuerpos convertidos en campos de batalla, en botín de guerra, sometidos a tortura, hambre, pederastia, invisibilidad, trata, explotación laboral, cuerpos que son lugares teológicos, carne de Cristo.

Pero el cuerpo no es sólo cuerpo individual, sino también cuerpo social, clase, raza, cultura subalterna frete a la hegemónica que impone lo que es bello o lo que no, lo que es sujeto de derechos u objeto de explotación y de conquista. La reivindicación del cuerpo en la teología significa la valoración del pluralismo, de su diversidad, la salida de un universalismo abstracto que en realidad no es más que el universalismo masculino, blanco, y occidental, para entrar en la singularidad de cada ser humano, y situación. Significa también la superación del miedo a la sexualidad, a la afectividad y al placer y su reconocimiento como bendición de Dios.

También la tierra como cuerpo de Dios constituye un nuevo acento en la comprensión de los pobres como lugar teológico. La Madre tierra es un sujeto oprimido, expoliado, abusado, hasta el punto que el grito de la tierra es el grito de los y las pobres que nos reclaman con urgencia un cambio de rumbo, como nos recuerda Laudato Si. Todo está interconectado y es la misma mentalidad depredadora que mata la biodiversidad la que masacra pueblos y comunidades enteras generando la cultura del descarte. De ahí que un verdadero planteo ecológico tenga que ser necesariamente integral y estar vertebrado por la justicia (LS 49). La conversión a los pobres hoy no puede ser por tanto concebida si no es también desde una conversión a la tierra. Esta conversión implica pasar de una visión antropocéntrica del mundo a una visión ecocéntrica más amplia, una democracia cósmica, que sea capaz de incluir otras especies en el círculo de lo que consideramos religiosamente significativo. Para ello es necesario superar el dualismo jerárquico que divide en dos pisos la realidad primando el elemento espiritual sobre la materia y en consecuencia separando a Dios del mundo, de lo terreno, de lo concreto.

Convertirse a la tierra implica descubrir a un Dios dador de vida en y con la comunidad ecológica de especies que sostiene el fluir de la vida en toda su diversidad desde la creatividad y la sobreabundancia del Amor. La conversión ecológica significa enamorarse de la tierra como cuerpo de Dios, desarrollar una relación profunda con el dinamismo vital del cual es origen y comprometernos con él en su cuidado desde las vidas más amenazadas.

Otro sentir y acento emergente importante para resignificar el lugar teológico de los pobres es la diversidad y la interculturalidad. En la historia y más aún en la de la iglesia la diferencia ha estado vista bajo sospecha y amenaza, quizás como lastre heredado de una teología trinitaria más al servicio de un Dios todo poderoso y controlador que del Dios-Relación, comunidad de amor, que asume e integra diferencias sin asimilarlas, como nos revela Jesús en el encuentro con la mujer sirofenicia o la samaritana. Un Dios que rompe con todo exclusivismo religioso y cultural y al que se le rinde culto en espíritu en verdad, allí donde emerge la autenticidad, la transparencia, donde brilla lo más auténtico del ser humano, lo más hondo. Un Dios cuyo culto y adoración no está vinculado a un lugar físico o un espacio privilegiado sino más bien a una actitud indispensable, una posición existencial imprescindible: la honradez con lo real, la reverencia ante el misterio de proximidad en que se encarna y a hacerlo en espíritu y en verdad, lo cual es posible para cada ser humano, cada pueblo, y cultura de la tierra.

Por otro lado, la globalización y la movilidad humana nos desvelan una verdad que nos sigue costando reconocer y asumir: no somos hijos e hijas únicas ni nuestra cosmovisión es superior a otra. La identidad de un pueblo, una cultura, una religión no es una realidad estática sino dinámica y precisamente sólo en el diálogo y el tejido de las diferencias desde el entramado de la vida compartida se pueden desarrollar aspectos inéditos que las culturas, los pueblos y las espiritualidades y las personas portamos seminalmente (AD 11). Porque la diferencia es también algo que llevamos dentro. Es también lo que todavía no ha sido escuchado profundamente, mirado, acogido. Es una posibilidad por estrenarse en la danza de la vida entendida como relación e interdependencia. Por tanto la diversidad no es una amenaza para la comunión sino justo su condición. Dios es una realidad viva en el arco iris de la humanidad y del cosmos y no una verdad estática encerrada en un dogma.

Identificar a los pobres y las pobres hoy como lugar teológico desde este acento es una llamada urgente a superar el etnocentrismo, a creer que nuestra cultura y cosmovisión es el modelo, porque todas las culturas están llamadas a la conversión. Todas las culturas contienen elementos evangélicos y elementos diabólicos, es decir elementos que rompen la comunión, la fraternidad y la sororidad humana.

Por ello es necesario descolonizar la teología, la espiritualidad, la convivencia y la vida cristiana en general. Necesitamos vivir una fe más católica en el sentido más original del término, precisamente no más romana y occidentalizada, sino más intercultural. La interculturalidad es una forma de vida consciente en la que se va fraguando una toma de posición ética a favor de la convivencia con las diferencias, desde una mayor conciencia de igualdad y reciprocidad entre la diversidad de culturas, la interacción y comunicación simétrica, buscando diálogo entre iguales y sin jerarquizaciones previas. Su punto de arranque es por tanto la apertura a la pluralidad de textos y contextos considerados todos ellos como fuente de conocimiento y sabiduría.


Descolonizar la teología nos desafía hoy a:

-Repensar de nuevo la propia tradición a la luz del dialogo crítico con otras tradiciones renunciando a posturas dogmáticas

-Atrevernos a sospechar de las certezas prescritas y reconocer que la diversidad de culturas ofrecen visiones emancipadoras que son útiles en la búsqueda de nuevos modos de vida y que cada cultura tiene en si elementos valiosos que aportar y que aprender.

-Apostar por el conocimiento que emerge de las experiencias existenciales de las personas, colectivos y pueblos, es decir, reconocer y optar por sabidurías, lenguajes, símbolos que nacen del reverso de la historia y que desde la lógica del poder hegemónico se consideran periféricos, no oficiales, saberes y conocimientos compartidos que nacen del amor, la solidaridad, los sueños y las luchas comunes.

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[1] Carmina Navia, Sentires teológicos emergentes: retos para las teólogas, Franciscanum. Revista de las ciencias del espíritu, vol. LI, núm. 151, enero-junio, 2009, pp. 21-36 Universidad de San Buenaventura Bogotá,

domingo, 14 de enero de 2018

Crisis civilizatoria, Ambición Climática y “Laudato Si”.


¿Cuál será el mensaje del Papa Francisco luego de dos años de la encíclica del “cuidado de la casa común” o “Laudato Sí” lanzada el 2015 en un contexto de grave crisis climática? ¿Acompañará el Vaticano la lucha de los pueblos indígenas que defienden esta "casa común" que se desmorona ante el avance del extractivismo y la depredación capitalista? El sociólogo Roberto Espinoza nos comparte sus reflexiones sobre tema.

Por Roberto Espinoza*

11 de enero, 2018.- La visita del Papa Francisco (Jorge Bergoglio) a Madre de Dios en Perú será relevante porque producirá el encuentro o aplicación de su encíclica sobre el “Cuidado de la Casa Común” (“Laudato Sí”), en una región destrozada por la deforestación capitalista y donde se despliegan acciones de resistencia y propuesta de los pueblos indígenas amazónicos organizados a nivel local (Federación Nativa del río Madre de Dios y afluentes, FENAMAD), nacional (Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana, AIDESEP) e internacional (Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica, COICA).
¿Cuál será el mensaje del Papa Francisco luego de dos años de “Laudato Sí”? ¿Si la catástrofe climática era evidente en el 2015 y la encíclica exigió con fuerza acciones efectivas, ahora qué se anunciará cuando el despeñadero de la tragedia humana y ambiental es mucho mayor? ¿Propondrá algo nuevo a los pueblos indígenas que fueron saludados en dicho documento en su rol de “protagonismo social”? Si el 2015 la encíclica emergió presionando a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) acusada de “ineficaz” para aspirar a un Acuerdo climático de mayor nivel, ¿cuál será el mensaje ahora que el Acuerdo de París demostró que sus metas fueron débiles y su aplicación peor todavía?


Por todo ello, es importante un análisis detallado de dicha encíclica, a la luz de los procesos climáticos actuales y con énfasis en las propuestas de los pueblos y organizaciones indígenas del mundo, y, especialmente, las amazónicas.
A continuación un resumen de dicho análisis, indicando las citas de dicha encíclica y entre paréntesis el número del párrafo respectivo, con subrayados míos sobre frases claves.
1. La lucha indígena y popular reitera que asistimos a la crisis no solo de un “modelo económico” sino de mucho más: la crisis de un paradigma civilizatorio basado en la colonialidad del poder iniciada con el etnocidio del Abya Yala. Esta crisis genera y sustenta la necesidad de un nuevo horizonte de sentido, denominado de “Vida Plena/Buen Vivir”, y por otros como “des-desarrollo”, “bio-economía”, y conceptos similares.
La encíclica se acerca a ese horizonte, aunque sin asumir todas sus implicancias, y el Vaticano tiene el desafío de persistir al respecto. Esto es así, cuando señala que asistimos a una catástrofe ecológica como efecto de la explosión de la civilización industrial (4). Basada en la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta para estrujarlo más allá de sus límites (106).
Destaca que un ser humano desaforado en dominarlo todo terminará dañando la sociedad y el ambiente (224); y que, por lo tanto, el imponer un estilo hegemónico de vida, es tan dañino como alterar los ecosistemas (145). Propone entonces, redefinir el progreso, para que no signifique tecnología y economía que no dejan un mundo mejor (194). Así mismo, propone afrontar la degradación ambiental, atendiendo las causas de la degradación humana (48). Y reclama justicia porque la tierra pertenece también a los que vendrán, y no puede pensarse solo en beneficios individuales (159).
2. La lucha indígena y popular sigue denunciando y enfrentando las agresiones de las operaciones capitalistas extractivistas y desarrollistas, impulsadas por las grandes empresas multinacionales y sus asociados locales, que incluyen a las tecnocracias estatales que han privatizado desde hace mucho tiempo a los Estados amazónicos.
La encíclica señala el calentamiento global potenciado por el combustible fósil y la deforestación para la agricultura (23) y que la pérdida de selvas implica perder recursos para alimentos, medicinas y servicios (32). Denuncia que las multinacionales dejan pasivos ambientales, pueblos sin vida, contaminación (51); la grave inequidad de obtener beneficios haciendo pagar a la humanidad los altos costos de la degradación ambiental (36) y que es indigno insistir en el expolio de la naturaleza solo para ofrecer consumo y rédito inmediato (192). Frente a estas agresiones reclama intervenciones sobre la naturaleza donde no predominen intereses económicos que arrasen las fuentes de vida (54).
3. Los pueblos indígenas afrontan todo el abanico de racismos posibles (sociales, culturales, epistemológicos, ontológicos) especialmente los tecnocráticos e institucionalizados estatalmente. Por lo cual, han demandado siempre no ser considerados solo como “víctimas vulnerables” sino como actores protagónicos del destino de la Amazonía y las sociedades nacionales.
La encíclica confluye con esa demanda y el Vaticano tiene el desafío de persistir en ello. Esto es así cuando se  reitera que somos Tierra, compuestos por elementos del planeta, el aire nos da aliento y el agua vivifica (2); y que el gemido de la hermana tierra, unido al gemido de los abandonados, está clamando otro rumbo (53). Concluye en alentar a los que luchan por proteger la casa que compartimos (13); que las comunidades aborígenes no son simples minorías sino los principales interlocutores, sobre todo en los proyectos que afectan sus espacios, porque son los que mejor los cuidan (146). Resalta que en ellos se genera mayor responsabilidad, especial cuidado y amor a la propia tierra (179); y propone incorporar los derechos de los pueblos y el protagonismo de los actores sociales desde su propia cultura (144).
4.  Las organizaciones indígenas y sociales, exigen mayor acción y ambición climática que sea eficaz en detener la catástrofe ambiental en curso. Exigen a los estados que “negocian” soluciones en el marco de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) y cuyos resultados son lentos y limitados.
La encíclica coincide en ese enfoque y queda el desafío para el Vaticano de redoblar esfuerzos para producir cambios globales sustanciales. Este enfoque se expresa cuando se menciona el fracaso de las cumbres ambientales, sin acuerdos eficaces y significativos (166), que muestran el sometimiento de la política ante las finanzas y tecnología (54) y su objetivo de dominio extremo (108).
La política no debe someterse a la economía, y esta tampoco a la tecnocracia, sino que ambas deben estar al servicio de la vida (189). Así mismo, cuando se insiste en aplicar el principio precautorio, sostiene que los estudios de impacto ambiental deben efectuarse antes de avanzar en los proyectos y no ser ocultados por la corrupción (182,183); y si hay indicios de impacto grave deben detenerse y demostrarse que no lo tendrán (186).

Los pueblos Mapuche y otros más, reiteran la exigencia de una autocrítica y pedido de perdón sobre la responsabilidad histórica del Vaticano y la iglesia Católica (y otras iglesias) en el genocidio Mapuche y de otros pueblos. Esa co-responsabilidad es evidente y nunca será suficiente reconocerla y reiterar la necesidad de correctivos profundos. Paralelo a esto, es importante resaltar la complejidad y contradicciones políticas al interior del Vaticano, y destacar aquellas posturas y contenidos que convergen, confluyen, coinciden y respaldan las luchas de los pueblos amazónicos para detener las agresiones a la naturaleza, a los pueblos y las culturas.
A pesar de sus debilidades, la CMNUCC es el único espacio global y nacional donde se juega el destino de la humanidad y debe acumularse fuerzas para producir cambios sustanciales, empezando desde lo local, nacional para impactar en lo global, y retornar nuevamente a lo local.
En esa dirección, habrá que evaluar el mensaje Papal en la selva de Madre de Dios, en conexión a los avances ya expresados dos años atrás y la lenta y débil reacción de los poderes globales al respecto. La “Ambición Climática” está en el centro de las urgencias, como lo está en el Acuerdo de París (CMNUCC, 2015) y son los pueblos indígenas y movimientos sociales los que traen, construyen y desarrollan esta ambición climática, que incluyen propuestas como las siguientes, y para las cuales se espera el respaldo activo del Vaticano para su implementación:
- Misión de emergencia de la ONU en la Amazonía, para detener el “punto de no retorno” de la crisis socioambiental y convulsión amazónica si se llega al 40 por ciento de deforestación; factores que se agregan a la violencia sobre los pueblos y las enfermedades emergentes (malaria, VIH/SIDA, lepra, dengue, etc.).
- Seguridad Territorial indígena, mediante la titulación de 100 millones de has a comunidades amazónicas. Esto no incluye el recorte de derechos ni el traslape con áreas protegidas, sino, además. la protección de la integridad de los pueblos en aislamiento y contacto inicial. 
- Transición post extractivista. Esto implica detener la deforestación, la depredación y la contaminación ambiental, controlar y erradicar la minería, los monocultivos, las infraestructuras, las represas, la ganadería y otras actividades que dañan los ecosistemas; reorganizar los proyectos de la iniciativa Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) y lograr salvaguardas socioambientales para las inversiones chinas; respaldar la Economía del Bosque en pie, promoviendo la acuicultura, la bioindustria y la agroforestería comunitarias.
- No Criminalización de la libre determinación indígena. Respeto al autogobierno de los pueblos y comunidades indígenas; Consulta y consentimiento previo, como derecho sustancial y no simple procedimiento recortado; Cese de la persecución de los defensores de la Amazonía y sanción a los responsables de asesinatos y represiones.
- Ambición climática en la CMNUCC. Apoyar las acciones indígenas orientadas a cumplir y aumentar las metas nacionales de reducción de emisiones (NDC) para no sobrepasar el promedio de 1.5°C de calentamiento global, mediante la titulación, el manejo y los autogobierno territoriales.
Hace dos años fue importante la encíclica del “cuidado de la casa común”, y hoy, esa casa se está desmoronando. Los pueblos originarios lucharán más fuerte y se espera la respuesta del Vaticano.
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*Roberto Espinoza es sociólogo egresado de la Pontíficia Universidad Católica del Perú con maestria en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Cuenta con una larga trayectoria en el acompañamiento y asesoría de organizaciones indígenas amazónicas nacionales e internacionales como AIDESEP y COICA.

Fuente: Servindi

viernes, 12 de enero de 2018

Donald Trump lanza insultos racistas a África y Centroamérica.


Por José Díaz

El mandatario de Estados Unidos calificó como “agujeros de mierda” a El Salvador, Nicaragua, Haití y algunas naciones africanas. Esto en el marco de un debate sobre políticas migratorias en el que el mandatario norteamericano busca impedir el otorgamiento de visas a ciudadanos de estos países.

Servindi, 12 de enero, 2018.- El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump no deja de sorprender con sus declaraciones ofensivas y discriminatorias hacia los países en vías de desarrollo. Esta vez el mandatario norteamericano se refirió a El Salvador, Nicaragua, Haití y algunos países africanos como “agujeros de mierda”.

El insulto fue proferido en el marco de un debate entre el presidente de EE.UU. y un grupo de senadores quienes planteaban presentar un proyecto de ley que ofrecería un estatus migratorio especial a los ciudadanos de dichos países.

“¿Por qué tenemos a toda esta gente de países (que son un) agujero de mierda viniendo aquí?”, exclamó Donald Trump quien haciendo gala de su afán discriminador dijo esperar más inmigrantes de países como Noruega.

El proyecto presentado por un grupo de senadores bipartidistas, tiene como objetivo otorgar visas a países con bajas tasas de migración hacia EE.UU., siendo la mayoría de estos africanos. Asimismo se plantea fortalecer el criterio de meritocracia para la otorgación de visas a migrantes con méritos profesionales, formalizando su estadía en el país norteamericano.


Condenan a Trump

Lo cierto es que las expresiones de Donald Trump han herido susceptibilidades y generado una condena desde diversos sectores. Por ejemplo, la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Raza Negra (NAACP, por sus siglas en inglés) acusó a Trump de “racismo inculto e insensible” a través de un comunicado.

“[La] decisión del mandatario de usar una palabra vulgar para describir a los países africanos, centroamericanos y caribeños no sólo representa una baja calificación para este presidente, sino que es un hito negativo para nuestra nación”, expresó la NAACP.

De la misma manera, el portavoz de la Oficina de Derechos Humanos para la ONU, Rupert Colville señaló que las declaraciones de Donald Trump demuestran “el peor lado de la humanidad”.

Son comentarios escandalosos y vergonzosos por parte del presidente de Estados Unidos, declaró el portavoz de DD.HH. para la ONU. 

“Si se confirman, son comentarios escandalosos y vergonzosos por parte del presidente de Estados Unidos. Lo siento pero la única palabra que se puede utilizar es 'racista'. No es únicamente una cuestión de vulgaridad del lenguaje”, declaró el funcionario de la ONU desde Ginebra.

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Luchar contra la privatización es defender #Brasil y los derechos de sus pueblos. Por Rita Serrano (maestra en Administración) → http://bit.ly/2muudJH 
 
Fuente: Servindi.org
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jueves, 11 de enero de 2018

El logos y el tao.


José Ignacio González Faus

Aunque las grandes manchas de color son a veces simplistas, pueden resultar también pedagógicas. Corro pues el riesgo de simplificar para ayudar a entender un poco los universos mentales del Occidente en que vivimos y de ese Oriente al que miramos y al que muchos miran para salir de su sensación de vacío.

La gran aportación de Occidente a la historia humana la dio Grecia con el descubrimiento del “logos”. Este término clásico significa a la vez palabra, razón y sentido: brotó de la experiencia de que las cosas son razonables: tienen una “lógica” que puede ser captada y expresada por nuestra palabra. Esta armonía, este encuentro entre la realidad y nuestra mente es una de las primeras experiencias de sentido: si no hubiera posibilidad de encuentro entre la realidad y nosotros, nos encontraríamos ante un sinsentido impresionante.

La experiencia fundamental del Oriente me parece ser la del Tao. Y quizá no es casualidad que la obra de Lao-Tsé, autor del Tao-te-King (libro de la virtud y del Tao) sea, luego de la Biblia, la obra más difundida en la historia del mundo. Pero el Tao es indefinible: no se comunica con conceptos sino provocando su experiencia.La traducicón mejor del Tao podría ser lo que los cristianos llaman el Espíritu, el cual es también inobjetivable. Hay definiciones del Tao que parecen extrañas, pero no lo son: “el Tao es el camino infinito que conduce al Tao”. “El Tao no lleva a cabo ninguna acción, pero no deja nada por hacer”. “Cuando su tarea ha sido cumplida y las cosas han sido acabadas, todo el mundo dice: las hemos hecho nosotros”… ¡Y eso vale exactamente del Espíritu Santo de los cristianos!

Dejando ahora las connotaciones religiosas, creo que, con el Logos y el Tao, nos hallamos ante dos experiencias originarias, y complementarias, de apertura a la realidad: una desde la visión y otra desde la respiración. La posibilidad de ver permite objetivar las cosas: así las conocemos (o creemos conocerlas) y podemos manejarlas: por eso es normal que del Logos occidental haya surgido la técnica, que nos permite dominar las cosas, con el peligro de erigirnos nosotros en sujetos y, por tanto, en superiores. En cambio, la conciencia de la respiración nos permite percibir la vida, darnos cuenta de que vivimos y, a la vez, de que vivir es estar recibiendo: pues si te falta el aire te ahogas y mueres.

Pero la experiencia de la respiración, del vivir, siendo más honda y menos pretenciosa que la de la vista, puede llevar a un inmovilismo conservador ante el mundo que nos envuelve. Desde la vista, el hombre se siente superior a las cosa; desde la respiración se siente casi inferior a ellas. Y otro detalle curioso: nuestra posibilidad de hablar viene del hecho mismo de la respiración: expulsamos el aire articulándolo en forma de sonidos. Pues bien: un himno medieval al Espíritu Santo decía que “enriqueces la garganta con la palabra” (“sermone ditans guttura”).

Si he sabido evocar esa doble experiencia fundante y fundamental, parecerá claro que nuestra plenitud humana reclama el encuentro entre las dos, sin que ninguna ignore o excluya a la otra, pero de modo que ambas se complementen y se controlen.

El Logos expresa, el Tao empapa; el Logos explica lo exterior, el Tao llena nuestro interior. La palabra puede ser superficial, el Tao es necesariamente profundo. Con la terminología cristiana (de Palabra y Espíritu), un autor del siglo II, san Ireneo, decía que ésas son “las dos manos de Dios”. Y será verdad que la Encarnación de la Palabra es el tesoro de Occidente, pero es también verdad cristiana que el Espíritu ha sido derramado “sobre toda carne” (Joel 3; Hchs 2). Por eso, toda auténtica experiencia espiritual humana, nazca donde nazca, procede del mismo Dios a quien confiesan los cristianos y no hay, por tanto, posibilidad de exclusivismos sino más bien obligación de acoger a Aquel que (como el aire) “sopla donde quiere” (Jn 3,).

La teología, y aún más la piedad occidental (tanto católica como protestante) adolecen de un olvido del Espíritu que ha llevado demasiado a tratar de explicar las cosas, más que a vitalizarlas o cambiarlas. Cuando Marx escribe su famosa tesis 11 sobre Feuerbach (“hasta ahora los filósofos han explicado el mundo; lo que importa es transformarlo”) está dando una versión laica de esta misma tesis teológica: el mundo del Logos necesita al Tao (o al Espíritu en lenguaje nuestro).

Más allá de alusiones teológicas, parece claro que Occidente necesita hoy una buena inyección del Tao que devuelva calidad y plenitud humana a su logos, a su razón y a su palabra: porque sin Tao se ha ido convirtiendo en “razón instrumental” y búsqueda del máximo beneficio económico. Aunque también, según me comentó R. Panikkar la última vez que nos vimos en Tabertet, él temía que Oriente esté perdiendo su Tao, contagiado por ese virus occidental del máximo beneficio económico…

La primera globalización que necesitamos es, pues, la del encuentro entre el Logos y el Tao.