lunes, 7 de septiembre de 2015

Textos de los santos padres sobre la riqueza y la pobreza.



SAN CIPRIANO (C.200-258): “Cuando los ricos no llevan a la misa lo que los pobres necesitan, no celebran la Eucaristía del Señor”.

SAN BASILIO (C.330-379): “Abrid de par en par las puertas de vuestros graneros, dad salida a vuestras riquezas en todas las direcciones. Dime, ¿qué es lo que te pertenece?, ¿de dónde trajiste nada a la vida?, ¿de quién lo recibiste? Así son los ricos: se apoderan los primeros de lo que es de todos y se lo apropian, sólo porque se han adelantado a los demás... Si cada uno se contentase con lo indispensable para atender a sus necesidades y dejara lo superfluo a los indigentes, no habría ricos ni pobres”.

“Ea, pues, reparte de modo vario tu riqueza, sé ambicioso y magnífico en gastar en favor de los necesitados. No vendas a altos precios, aprovechándote de la necesidad. No aguardes a la carestía de pan para abrir entonces tus almacenes. No esperes, por amor al oro, a que venga el hambre, ni por hacer negocio privado la común indigencia. No seas traficante de las calamidades humanas. Tú miras el oro, y no miras a tu hermano: reconoces el cuño de la moneda y disciernes la genuina de la falsa, y desconoces de todo punto a tu hermano en el tiempo de necesidad.”

“¿Y qué es lo que dice el rico? ‘Alma mía, tienes muchos bienes en reserva, come, bebe, banquetea diariamente' (Luc. 12, 19). ¡Oh insensatez! Si tuvieras alma de cerdo, ¿qué otras buenas noticias le dieras? ¿Tan bestial eres, tan poco entiendes de bienes del alma, que le ofreces los manjares de la carne y, lo que ha de parar en el retrete, eso presentas como regalo de tu alma?”

“La mayor parte de los ricos no pone tanto afán en tener dinero por razones de comida y vestido, sino que el diablo se ha dado buenas mañas en sugerir a los ricos infinitos pretextos para gastar; de modo que se busca lo inútil como necesario y nada les basta para sus necesidades imaginarias. [...] [Pero] las riquezas nos han sido dadas para administrarlas, no para gastarlas en placeres y quien se desprende de ellas ha de alegrarse como quien devuelve lo ajeno [...]. ¿Qué responderás al Juez tú que revistes las paredes y dejas desnudos a seres humanos? ¿Tú que adornas a los caballos y ni siquiera te dignas mirar a tu hermano cubierto de harapos? (Homilía contra los ricos, PG 31, 280ss)”

SAN GREGORIO DE NISA (C.330-394): “Por lo tanto, si alguien desea convertirse en el amo de toda la riqueza, poseerla y excluir a sus hermanos, incluso a la tercera o cuarta generación, tal desgraciado no es un hermano sino un tirano bárbaro y cruel, una best­ia feroz cuya boca siempre está abierta dispuesta a devorar pa­ra su uso personal la comida de los otros hermanos”.

“Considera quiénes son los pobres y descubrirás su dignidad: el Señor, por su bondad, les restó su propia persona a fin de que conmuevan a los que son duros de corazón y enemigos de los pobres que son los despenseros de los bienes que esperamos, los porteros del reino de los cielos, los que abren a los buenos y cierran a los malos. Ellos son, a la vez, duros acusadores y excelentes defensores. Y defienden y acusan no por lo que dicen sino por el hecho de ser vistos por el Juez. [...] Mientras hay todos esos lujos en tu casa, ahí a la puerta están tendidos mil Lázaros [...] y si llegan a molestar un poco más en las puertas, salta de cualquier rincón un portero canallesco del amo cruel y los echa a palos o llama a los perros [...]. Y así, los amigos de Cristo tienen que marcharse llevándose de propina insultos y golpes, ellos que son el resumen de todos los mandamientos”. (Homilía sobre el amor a los pobres)

SAM AMBROSIO (C.340-397): ”¡Ay ricos! ¿Hasta dónde pensáis llevar vuestra codicia insensata? ¿Es que sois acaso los únicos habitantes de la tierra? ¿Por qué expulsáis de vuestras posesiones a los que tienen vuestra misma naturaleza y reivindicáis para vosotros solos la posesión de toda la tierra? [...] Cuanto más tie­nes más deseas. Y aunque lo adquirieras todo seguirías siendo un indigente: pues la avaricia se inflama con el lucro en lu­gar de extinguirse. El rico es más tolera­ble cuanto menos tiene [...] lo que dios hi­zo nacer para muchos por medio de ti, tú te lo reservas para ti solo o, mejor dicho, lo pierdes para ti solo. Muchos ricos de­cís que no debemos bendecir al que dios maldice y quiere que pase necesidad. Pero yo te digo que los pobres no son malditos. [...] La tierra es de todos, no sólo de los ricos. Pero son muchos más los que no go­zan de ella que los que la disfrutan. Lo que das al necesitado te aprovecha también a ti. [...] (Porque) es el propietario el que debe ser dueño de la propiedad y no la propiedad señora del propietario. (Libro de Nabot el israelita, PL 14, 765ss). Los misterios de la fe no requieren oro. Y lo que no se puede comprar con el oro tam­poco se dignifica más con el oro. (Sobre los deberes de los ministros de la Iglesia, PL 16,6”

“Cuando alguien roba los vestidos a un hombre, decimos que es un ladrón. ¿No debemos dar el mismo nombre a quien pudiendo vestir al desnudo no lo hace? El pan que hay en tu despensa pertenece al hambriento; el abrigo que cuelga, sin usar, en tu guardarropa pertenece a quien lo necesita; los zapatos que se están estropeando en tu armario pertenecen al descalzo; el dinero que tú acumulas pertenece a los pobres”. (San Ambrosio de Milán. Libro de Nabot Yizreelita).

"¿Quieren en verdad honrar el cuerpo de Cristo? No consientan que esté desnudo. No lo honren en el templo con manteles de seda mientras afuera lo dejan pasar frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: 'Este es mi cuerpo', y con su palabra afirmó nuestra fe, dijo también: 'Me vieron hambriento y no me dieron de comer'. Y: 'Lo que no hicieron con uno de mis hermanos más pequeños, tampoco lo hicieron conmigo'... ¿Qué le aprovecha al Señor que su mesa esté llena de vasos de oro, si Él se consume de hambre? Sacien primero su hambre y luego, con lo que les sobra, adornen también su mesa"[7]

“Es un homicidio negar a un hombre el salario que le es necesario para su vida”.

"La naturaleza suministra su riqueza a todos los hombres en común. Dios ha creado todas las cosas para que todos los seres vivientes las gocen en común, y para que la tierra se convierta en una posesión común a todos. La propia naturaleza es la que ha creado el derecho de la comuni­dad, y es la usurpación injusta la que ha creado el derecho a la propiedad privada".

SAN JERÓNIMO (C.340-420): ““Si quieres ser perfecto vende, no parte de tus bienes, sino todos. Y cuando los vendas, ¿qué debes hacer después? Dáselos a los pobres. No a los ricos ni a nuestros parientes, ni para la lujuria, sino para remediar las necesidades de los demás... Algunos emplean su fortuna en edificar iglesias y revestir sus muros de bajorrelieves de mármoles, alzan columnas inmensas y decoran sus capiteles con adornos preciosos, enriquecen las puertas con plata y marfil y hacen que en sus altares brillen el oro y las piedras preciosas. No lo reprendo ni me pongo a ello. Cada uno obre según su juicio. Mejor es hacer esto que amontonar avariciosamente las riquezas. Pero a ti se te proponen otros caminos; vestir a Cristo en los pobres, visitar a los enfermos, dar de comer a los que tienen hambre, acoger en tu casa a los que carecen de hogar, y especialmente a los de tu misma fe, auxiliar a los monasterios de las vírgenes, y tener cuidado de los siervos de Dios y de los pobres de espíritu”.

“Con razón habla el evangelio de rique­za injusta, pues todas las riquezas no tie­nen otro origen que la injusticia y no se puede uno hacer dueño de ellas a no ser que otro las pierda o se arruine. [...] Por tanto, si tienes más de lo que necesitas pa­ra vestir, distribúyeselo a los que no tie­nen y reconoce que eres deudor de ello”. (Carta a Hebidia)

SAN JUAN CRISÓSTOMO (347-407: Quien no ayuna para el pobre engaña a Dios. El que ayuna y no distribuye lo aho­rrado sino que lo guarda, demuestra que ayuna por codicia, no por Cristo. Por tan­to, hermanos míos, cuando ayunemos co­loquemos nuestro sustento en la mano del pobre para que ella nos guarde lo que he­mos quitado a nuestro estómago. {Sermón 8, PL 52, 209)

"No pensemos que basta para nuestra salvación presentar al altar un cáliz de oro y pedrería después de haber despojado a viudas y huérfanos. ¿Queréis de verdad honrar el cuerpo de Cristo? No consintáis que esté desnudo. No le honréis en el templo con vestidos de seda y fuera le dejéis perecer de frío y desnudez.

Porque el mismo que dijo: "Esto es mi cuerpo", dijo también: "Me visteis hambriento y no me disteis de comer"; "cuando no lo hicisteis con uno de esos más pequeños, tampoco conmigo lo hicisteis".

“Forzosamente, el principio y raíz de tus riquezas proceden de la injusticia. Porque Dios, al principio, no hizo al uno rico y al otro pobre, sino que dejó a todos la misma tierra. ¿De dónde, pues, siendo la tierra común tienes tú tantas yugadas de tierra y tu vecino ni un palmo de terreno?”

“El Señor añadió que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”

“Si las riquezas producen pobreza en lugar de resolverla, no son riquezas, sino armas de destrucción de aquello que por la naturaleza es el ser humano”.

“Precisamente por ser pobre puedes señaladamente practicar la limosna. Y es así que el rico, embriagado por la abundancia de su dinero, sólo piensa en acrecentar lo que tiene; el pobre, empero, libre que está de esa enfermedad, se desprende más fácilmente de lo que tiene. Lo que da su carácter a la limosna no es la cantidad de bienes, sino la cantidad de intención o espíritu. Sí, la viuda del Evangelio sobrepasó a los que nadaban en riqueza, y la otra viuda dio hospedaje al profeta y para ninguna de las dos fue obstáculo la pobreza.”

“Y así es que el no dar parte de lo que se tiene es ya linaje de rapiña. Reprendiendo Dios a los judíos por boca del profeta, dice: ‘La tierra ha producido sus frutos y no habéis traído los diezmos, sino que la rapiña del pobre está en vuestras casas'...

“¿Acaso es tuyo lo que tienes? Se te han encomendado los bienes de los pobres, aun cuando esos bienes los hayas adquirido por herencia paterna, aun cuando provengan de tu legítimo trabajo. Porque ¿acaso no podía Dios quitártelos? Si no lo ha hecho es porque quiere que puedas mostrarte generoso con los necesitados... No porque Dios te haya mandado como si dieras de lo tuyo pienses que es efectivamente tuyo. Te lo prestó para que con ello alcances gloria. No pienses, pues, que es tuyo, cuando le das lo suyo.”

“Salimos de la iglesia y contemplamos hileras de pobres que forman como murallas a ambos lados. Y pasamos de largo sin conmovernos como si viéramos columnas y no cuerpos humanos. Apretamos el paso como si viéramos estatuas sin alma en lugar de hombres que respiran.[...] «Es que vamos con hambre» me decís. Pues preci­samente el hambre os habría de persuadir a deteneros porque, como dice el refrán: «vientre lleno desconoce al hambriento»; sólo el que pasa gana reconoce la necesi­dad ajena por la suya propia. [...] Y des­pués de tanta inhumanidad nos atrevemos a levantar las manos al cielo y pedir a Dios misericordia [...]. No pensemos que bas­ta para nuestra salvación traer a la iglesia un cáliz de oro y pedrería después de ha­ber despojado a viudas y huérfanos. [...] Si tu alma sigue siendo peor que el plomo o una teja ¿de qué vale entonces el cáliz de oro? En la Última Cena no era de pla­ta la mesa ni la copa en que el Señor dio a sus discípulos su propia sangre. [..,] Porque Dios no tiene necesidad de vasos de oro sino de almas de oro; y la iglesia no es un museo de oro y plata sino una reunión de ángeles. [...]Os digo acaso que lo tiréis todo? No. Disfruta de lo tuyo pero una vez hayas cu­bierto tu necesidad haz algo necesario con lo inútil y superfluo y distribúyelo entre los que se mueren de hambre y tiritan de frío. [...] Tu Señor anda por ahí muerto de hambre y tú dándote a la gula. [... ] Que no sea todo nuestro afán acumular rique­zas a toda costa y más que nadie. Piensa lo que serías tú en su lugar. ¿Qué querrías entonces que hicieran los demás por tí? [...] Si nos avergonzamos de quienes Cristo no se avergüenza, nos avergonza­mos del mismo Cristo. [...] Un esclavo no teme a su amo ausente, pero el rico lleva por todas partes a su propio tirano”.

“Dios no ha hecho nada malo; todo es bueno y muy bueno. También las riquezas a condición de que no dominen a quienes las poseen y remedien la pobreza. Una luz que no desterrara las riquezas sino que las aumentara nos sería luz: de modo seme­jante no es verdadera riqueza la que no destierra la pobreza sino que la aumenta. Me diréis «ya estás otra vez metién­dote con los ricos». [...] Pero yo os digo: ¡ya estáis otra vez vosotros contra los po­bres! [...] No estoy hablando contra los ri­cos sino a favor de los ricos: porque te quiero librar del pecado, te saco de tu rapiña y te .hago amigo de todos y amable a todos. ¿Es eso aborrecerte o más bien amarte? No te persigo a ti sino a tu pasión. [...] El no dar parte de lo que se tiene ya es un género de rapiña (porque) el princi­pio y raíz de toda riqueza es siempre for­zosamente la injusticia: porque al princi­pio Dios no hizo rico a uno y pobre a otro. Y, si miramos las cosas hasta el fondo, el mayor placer está en la sobriedad. (Selección de varias homilías).

SAN AGUSTÍN (354-430): “Investiga las cosas que son necesarias y verás cuán pocas son. Ved que no sólo es poco lo que os es suficiente, sino que ni siquiera Dios os exige mucho. Pide lo que te dio, de ello quita lo que te sea necesario; los demás bienes, que son superfluos para ti, a otros son necesarios. Los bienes superfluos de los ricos son necesarios a los pobres. Posees lo ajeno cuando posees lo superfluo.”

“Las riquezas son injustas o porque las adquiriste injustamente o porque ellas mismas son injustas ya que tú tienes y otro no tiene, tú abundas y otro vive en la mi­seria. [...] El oro y la plata pertenecen só­lo a aquel que sabe usarlos. [...] Uno es digno de poseer cuando lo usa bien. Y quien no usa justamente no posee legíti­mamente [...] y si se proclama dueño de algo no será esta palabra de poseedor jus­to sino de usurpador sinvergüenza”

SAN CIRILO DE ALEJANDRIA (C.370-444): “¡Oh cuántas almas asesinadas cuelgan de los collares de las matronas enjoyadas! Si vendieras una sola de tus joyas, distribuyendo su precio entre los pobres, conocerías por las necesidades remediadas cuántos sufrimientos vale tu ornato!”

SAN PEDRO CRISOLOGO (400-450): “Quien no ayuna para el pobre engaña a Dios. El que ayuna y no distribuye lo aho­rrado sino que lo guarda, demuestra que ayuna por codicia, no por Cristo. Por tan­to, hermanos míos, cuando ayunemos co­loquemos nuestro sustento en la mano del pobre para que ella nos guarde lo que he­mos quitado a nuestro estómago”. {Sermón 8, PL 52, 209)

SAN ASTERIO AMASENO (siglo IV): “Necesita, pues el que quiera vivir con placer, ante todo, una casa lujosa adornada como una novia, de baldosas piedras y oro y convenientemente situada, de acuerdo con los cambios de las estaciones del año... Después de eso es menester también vestidos preciosos, con que se cubran los escaños, los lechos, camas y puertas, pues entre esas gentes se viste y recubre todo, aun las cosas más inanimadas, mientras los pobres van lastimosamente desnudos. Añade los vasos de oro y plata, los graves gastos para comer faisanes y beber vino de Fenicia, que las viñas de Tiro producen abundante y caro para los ricos... Después de eso considera el múltiple cortejo que acompaña a la mesa: los que la ponen, los coperos, los despenseros, los músicos que les preceden, las cantoras, bailarinas, flautistas, bufones, aduladores... Para adquirir todo eso, ¡qué de iniquidades no se cometen con los pobres, a cuántos huérfanos no se abofetea, cuántas viudas no han de llorar largamente”.

Faustino Vilabrille

Fuente: feadulta.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario